“Los políticos corruptos son un cáncer para la sociedad. Latinoamérica está lleno de ellos, yo los acabaré a todos”

Donald Trump durante su campaña presidencial

 

Desde hace unos meses las noticias relatan sobre el caso de corrupción más grande en la región latinoamericana, donde la empresa de origen brasilero y propiedad de Marcelo Odebrecht había montado una maquinaria que le permitía ganar la construcción de las obras de infraestructura más importantes a costa del soborno de autoridades. El caso ya ha cobrado varias cabezas de políticos importantes y las ondas expansivas están alcanzando a toda la región. En los diferentes países donde operaba Odebrecht la justicia ya se encuentra abocada a la investigación de este caso llamado “Lava Jato” y viene realizando pesquisas gracias a la información que están brindando varios directivos de esta empresa familiar brasilera a cambio de beneficios en la reducción de sus penas.

Los políticos corruptos tiemblan ante la posibilidad de que sus nombres aparezcan en estas largas listas y algunos de ellos ya empezaron a abandonar sus países de origen con la esperanza de no ser alcanzados por el brazo de la justicia. Este terremoto recién empieza y amenaza con traerse abajo a los principales políticos de varios países de la región y las consecuencias pueden trasladarse a los partidos políticos y hasta a las instituciones civiles que tuvieron contacto con esta mafia organizada. El nivel de corrupción era de tal magnitud que ha alcanzado a varios presidentes, ex presidentes y ministros entre otros funcionarios públicos de alto rango que están siendo investigados.

Ni los medios de comunicación se salvan porque la maquinaria montada por esta empresa tenía una estrategia de manejo de periodistas y comunicaciones como parte de su manejo mediático. En ese sentido contrataron a muchos medios y no dudaron en hacer donaciones a favor de organizaciones relacionadas con prensa. También organizaban fiestas fastuosas donde desfilaba la crema y nata de la clase económica y política de nuestros países.

Nunca antes hasta ahora las acusaciones de corrupción que eran esgrimidas contra los políticos de nuestra región quedaron tan expuestas al escrutinio internacional, terminando de liquidar nuestra ya vapuleada reputación en temas de corrupción de Latinoamérica. Todo el mundo está a la espera de la lista que incluye los nombres de los funcionarios que hicieron negocios con esta empresa. Se han ampliado las investigaciones a las empresas off shore creadas en algunos países como Panamá que usaba la empresa para pagar los sobornos.

También los EEUU están interviniendo en el caso. Amparados en la violación a la “Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero” se viene investigando en este país el caso Lava Jato que ha sido denominado caso “Carwash” y donde el departamento de justicia ya acordó con la empresa Odebrecht el pago de millonarias indemnizaciones.

El reto es mayúsculo para nuestros países y la primera prueba será para los diferentes sistemas de justicia latinoamericanos que deben ser capaces de desenmascarar a los involucrados y no ceder ante presiones políticas o económicas. Después vendrá la reconstrucción de los escombros que queden de la clase política involucrada en este hecho de corrupción, lo que definitivamente hará más aguda la crisis de partidos políticos que ya se viene dando en la región. También será una oportunidad para ver nuevas caras en el escenario político latinoamericano, nuevos líderes que enarbolarán la bandera de la lucha anticorrupción.

Finalmente, tenemos como sociedad civil la responsabilidad de empezar a transitar un camino diferente. Este proceso tomará tiempo y deberá estar cimentado en la educación con valores éticos de las nuevas generaciones acompañadas de un fortalecimiento de la institucionalidad. El camino a recorrer será largo y doloroso pero es imprescindible enmendar el rumbo.