“Gareca es peruano, así que se queda aquí en el Perú”

Hincha peruano

Una tarde de Julio de 1985 me encontraba frente al televisor viendo los últimos minutos del partido que la selección peruana jugaba de visita frente a su similar de Argentina. No era un partido cualquiera porque un triunfo nos permitiría clasificar directamente al mundial de México 86 y al frente teníamos nada menos que al equipo liderado por Maradona. A pesar de los buenos jugadores que tenía la selección argentina, el Perú ya le había ganado en Lima con un gol de Oblitas aquella noche en la cual Reyna anuló a Maradona con una pegajosa marca hombre a hombre.

Estaba orgulloso de ese aguerrido equipo con una volante de lujo donde José Velásquez imponía respeto acompañando a un talentoso Cueto y en la delantera deslumbraban por las puntas “patrulla” Barbadillo y Oblitas. Iniciando el partido un descalificador foul a Franco Navarro nuestra carta de gol nos había golpeado, porque el árbitro solo puso una amarilla y el goleador tuvo que retirarse dejando el equipo mermado. Pasculi aprovechó el desconcierto peruano para adelantar a los gauchos, sin embargo esa noche Cueto estuvo diablo y tuvo participación directa en los goles de Barbadillo y Velázquez que voltearon el partido a los locales y nuevamente los fantasmas de las eliminatorias del 70 donde eliminamos a los argentinos empezaron a acechar el Monumental de Núñez.

Faltaban apenas nueves minutos para finalizar el partido cuando el gran Passarella se manda una corrida por la derecha del campo de juego para enviar un balón cruzado que roza en el portero Acasuzo y en la línea de gol un delantero argentino toca la pelota para meter uno de los goles que más duro me golpearon. Ese delantero se llamaba Ricardo Gareca, era la primera vez que lo veía y en ese momento su grito de gol y su felicidad solo representaban tristeza y dolor para mí. Después nos tocó jugar un pre repechaje que perdimos con Chile.

En ese momento yo tenía quince años y la ilusión de volver a ver a mi selección de futbol en un mundial. Aún recordaba los goles de Cubillas en Argentina 78 y la humillante goleada de 6 a 0 frente a la misma Argentina. El futbol significaba mucho más que una alegría, era parte de mi vida. Tenía la idea al igual que muchos compatriotas que nuestro equipo era de los mejores del continente y la clasificación era solo cuestión de tiempo.

Con el correr de los años vinieron más frustraciones después de nuestra última clasificación a España 82 pero hoy día después de treinta y seis años, no pude evitar que algunas lágrimas se me escapen de los ojos al ver a todo un estadio gritando el nombre de Perú y el de Gareca en agradecimiento a esta esperada clasificación. Hoy tengo 47 años, el “tigre” apelativo con el que se le conoce a Gareca tiene 59 y a lo lejos me pareció verle esbozar una amplia sonrisa y también soltar algunas lágrimas, esas mismas que soltó cuando con dolor supo que a pesar de ese gol que clasificó a su selección no iría a la cita mundialista de México 86, esa que coronó como campeona del mundo a su selección y convirtió en un mito a Maradona.

El tigre es peruano porque a pesar que con ese gol agónico nos dejaste fuera de un mundial hoy te reivindicaste con tu pueblo, si con tu pueblo porque hoy puedo decir que Ricardo Gareca es peruano de corazón. Después de un arduo camino y con la convicción de que podías hacerle creer al jugador peruano en sus posibilidades, las mismas de las cuáles nosotros mismos dudábamos, puedes decir tarea cumplida.

Esta es también tu revancha tigre porque por fin vas a poder ir al mundial. Esta vez no llevarás puesta la albiceleste de tu patria de nacimiento que defendiste con orgullo. Esta vez llevarás la rojiblanca que supiste adoptar con cariño. El peruano es tímido y sencillo en esencia, cualidades que encontramos en tu persona. Quizás esa sea la razón a tu gran aceptación y poder de convencimiento entre los nuestros para triunfar donde otros fracasaron.

Muchas gracias por clasificarnos pero sobre todo muchas gracias por darles una gran alegría a esos niños del ayer que como yo hace varias décadas añorábamos ver a nuestra selección en un mundial y también a esos niños del hoy que gracias a ti podrán sonreír.